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¿Puedo dejar de pensar mal?

(Primera Parte)

¿Qué es tener pensamientos negativos?

¿Cómo evitar pensar mal? A todos nos gustaría dejar de pensar en negativo. Ser más positivos, no tan reactivos. Tener buenos pensamientos y olvidarnos de sufrir tanto. Pero, ¿qué es exactamente pensar negativamente?

Pensar mal es llegar a conclusiones inexactas, distorsionadas o equivocadas sobre lo que te sucede. Ser excesivamente pesimista o extremista. Tomarse las cosas como algo personal. O tener ideas repetitivas o en bucle, son ejemplos de pensamientos negativos.

Si esto te sucede a menudo, es probable que estés viviendo con algún grado de sufrimiento. Pensar negativamente afecta a nuestra salud mental, emocional y física. Seguro que te interesa saber cómo evitar pensar mal. Pero antes, pongámonos en contexto.

Tu mente es hiperactiva, inquieta, astuta y contradictoria.

Tu mente, es hiperactiva, inquieta, astuta y contradictoria. No puede controlarse fácilmente. No funciona de manera predecible y ordenada, sino que parece que esté permanentemente influenciada por estímulos, emociones y expectativas.

Además tiende a reservar recursos. Es perezosa. Le gusta repetir patrones para ahorrar un esfuerzo extra. Y elabora una visión del mundo estable, que es difícilmente modificable. La mente busca nuestra supervivencia a cualquier precio, aunque para ello tenga que mantener patrones irracionales, absurdos o ineficaces.

No podemos evitar pensar mal. No controlamos nuestros pensamientos negativos porque a nuestra mente le gusta hacerlo. Y a pesar de que sabemos que no nos sentimos bien así, no podemos hacer otra cosa.

Anthony de Mello decía que los humanos actuamos como si viviéramos en una piscina llena de mierda hasta el cuello y nuestra preocupación principal se redujera a que nadie levantara olas. Parece que nos resignamos a vivir así, limitados, atrapados, infelices y relativamente satisfechos. Porque al menos mantenemos los excrementos en un nivel aceptable.

Más vale malo conocido que bueno por conocer”

La mayoría de las personas mostramos una alta resistencia al cambio. Preferimos lo conocido a lo desconocido, porque lo nuevo suele producir incomodidad y estrés. Genera incertidumbre. Y al ser humano no le gusta nada la incertidumbre.

Abandonar las viejas costumbres y permitirse la revisión de las creencias que nos han gobernado durante años, requiere de mucha valentía.

Estamos irremediablemente condicionados

Ya sabemos que con tal de no perder recursos, nuestra mente tiende a mantenerse atada a los viejos hábitos. Prefiere lo que ya conoce. Y a pesar de que esto nos ayude a sobrevivir como especie, también nos hace sufrir.

Es importante que conozcamos cuáles son los errores que cometemos a consecuencia de esta “economía mental”:

  1. No todo capta nuestra atención por igual: Aunque creamos que hay libre albedrío en lo que capta nuestra atención, no es cierto. Habitualmente tenemos una visión no objetiva e interesada de la realidad. La atención está sometida a nuestras creencias. Por ejemplo, si una persona tiene la creencia de que no es digna de ser amada o si se siente sola, su atención estará más orientada a fijarse en muestras de desatención por parte de los demás. Lo cual hará que crezca su idea original de que no es válida para ser querida.
  2. Nuestra memoria no es tan fiable: No creas que tienes tan buena memoria. A diferencia de lo que te parezca, la memoria varía a lo largo del tiempo. No tenemos recuerdos fieles de lo que ocurrió. Con el pasar del tiempo solemos mejorar o empeorar lo que vivimos. Así que deberíamos ser precavidos si tomamos decisiones en base a nuestros recuerdos. Si nuestras creencias condicionan nuestra atención, también lo hace con nuestra memoria. Recordamos mejor aquello que concuerda con nuestros esquemas mentales. Por ejemplo, si me creo no válida para ser amada, recordaré mejor aquellos momentos en los que no me sentí querido.
  3. Lo que pienso que sucede, no es la realidad: Somos los creadores de nuestra propia historia. Estamos constantemente interpretando lo que nos sucede. Sacamos conclusiones, hacemos afirmaciones y nos creemos todo lo que pensamos. Pero lo cierto es que, debemos saber que estamos absolutamente condicionados por nuestras creencias.

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