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No me gusta lo que siento

¿Qué hago?

Cuando no me gusta lo que siento

La vida está llena de momentos maravillosos que nos hacen sentir bien, nos llenan de energía y vitalidad. Son momentos de placer, de alegría, de buenas noticias, de logros. Y nos encantan. Nos llenan el alma. Nos hacen felices.

¿Pero qué sucede cuando lo que sentimos, no es tan agradable? ¿Qué solemos hacer? ¿Existe una manera mejor de llevar esos momentos desagradables? ¿Cómo podemos sentir las emociones negativas? En realidad, esos momentos son experiencias clave en nuestro crecimiento personal, porque nos brindan oportunidades únicas para conocernos y ajustarnos sin sufrimiento innecesario.

Primero veamos cómo son esos momentos desagradables. Son situaciones en las que partes de un estado de ánimo neutro o agradable y de repente sucede algo que no te gusta, que te hace cambiar a peor. Puede ser algo que atente directamente contra tu seguridad, como que alguien te adelante peligrosamente mientras estás conduciendo. O también puede ser algo más sutil, que tenga que ver con tus miedos o vulnerabilidades más íntimas. Por ejemplo sentir celos si tu pareja habla con una persona atractiva, o sentirte rechazada en tu grupo de amigos, o que alguien a quien quieres te diga o haga algo que no te parece bien.

La reacción de nuestro cuerpo es inmediata en estos casos. La forma en que se manifiesta puede variar de una persona a otra. Algunos ejemplos son; calor en el rostro o en el pecho, taquicardia, respiración agitada, sensación de puños apretados, tensión en la mandíbula, manos sudorosas… Todos ellos producidos por la activación de nuestro sistema nervioso simpático, que se encarga de ponerse en marcha en situaciones de peligro. 

Pero hay más. A todo esto, hay que añadirle el factor mental. Ante este tipo de experiencias tu mente va a tratar de dar explicación a lo que sientes. Y no lo hará de una forma racional y meditada. Lo va a hacer siguiendo sus patrones habituales, los que dependen directamente de tu historia personal. Es decir, si cuando fuiste una niña tenías unos padres que nunca tenían tiempo para tí, es probable que tengas la creencia de “ser invisible” para los demás, o de no merecer el amor, o de no ser suficientemente válida. Y cuando ves a tu pareja hablando de manera animada con alguien atractivo, puedes sentir miedo, que se manifiesta físicamente como calor en la cara, taquicardia y manos sudorosas. Y a nivel mental, con pensamientos como “ya no le gusto”, “me va a dejar” “yo no soy tan linda/lista/carismática como ella”… un círculo vicioso que genera mucho sufrimiento.

Cuando algo no nos gusta, lo rechazamos

Nuestra tendencia natural y lógica ante situaciones como esta es la de rechazar lo que estamos sintiendo. No nos gusta. No queremos pasar por eso. No nos apetece nada sufrir. Y como parte de una estrategia lógica y automática de supervivencia, huimos.

¿Y cómo lo hacemos? Huimos enfadándonos, dando rienda suelta a la rabia, culpando al otro de lo mal que nos hace sentir. Otras veces callando, reteniendo toda esa energía dentro sin darle salida. Con frecuencia nos evadimos tratando de despistarnos con el móvil, con el deporte, con las drogas… Y a nivel corporal, disociándonos de nuestro cuerpo tratando de no sentirlo, anestesiándolo. Dejando de atender lo que trata de decirnos, rechazando las sensaciones que nos ofrece.

La solución inevitablemente pasa por prestar atención a tu cuerpo y atreverte a sentir lo que sientes sin querer huir, estando presente. Algo que parece antinatural, pero que cambia totalmente nuestra experiencia.

Por un lado, porque al hacerlo activas el sistema nervioso parasimpático, que entre otras funciones se encarga de contrarrestar el estrés que vives ante situaciones amenazantes, brindándote la oportunidad de relajarte y descansar. Haciendo que tu corazón se tranquilice, que tus músculos se suavicen, que tu respiración vuelva a ser normal y que tu estado de activación mental vaya normalizándose.

Y por otro lado porque cuando dejas de huir de lo que sientes, empiezas a darte cuenta de la naturaleza impermanente de las sensaciones. Todo lo que sentimos cambia, incluso una sensación negativa muy intensa termina perdiendo su intensidad si te permites sentirla. Además cuando permaneces en la experiencia aunque no sea agradable, comienzas a darte cuenta de que no va a matarte. Que lo máximo que puede sucederte es que pases un mal momento, sólo eso.

Y mejor aún, cuando permaneces en tu experiencia sin interpretaciones mentales, simplemente en contacto con ella, empiezas a verte de verdad. Comienzas a ver tus miedos y ves de dónde vienen, si son reales o producto de tu historia personal. Y cuando descubres de dónde viene todo, algo mágico ocurre, dejas de sufrir innecesariamente

La vida es  muy bella para sufrir tanto. Así que siempre que te encuentres ante sensaciones o emociones negativas, prueba a seguir estos pasos:

1 – Surge en ti una sensación que te incomoda.

2 – Tu mente comienza a opinar sobre esta sensación en base a tu historia personal. Por ejemplo: “seguro que no me quiere…” “creo que soy invisible…” “debo de tener un aspecto horrible…”

3 – Redirige tu mente lejos de esos pensamientos y vuelve a tu cuerpo. Puedes dar nombre a lo que estás sintiendo: “tengo la garganta seca” “el corazón me late deprisa” “siento dolor en el pecho”…

4 – No temas sentir, no va a pasarte nada. Permite que esa sensación tenga cabida en ti, que se exprese: puedes llorar, temblar, sacudirte, moverte como sientas…

5 – Tu mente tratará de volver con sus pensamientos favoritos, los que hemos visto en el punto 2. Si te pasa, vuelve a las sensaciones de tu cuerpo.

6 – Respira profundamente y sigue en contacto con lo que sientes. Confía en que su intensidad va a ir descendiendo y desaparecerá. Observa cómo cambia.

7- Comprueba que sólo has pasado por un mal momento. Que es algo que no va a matarte. Que la amenaza que sientes, no es del todo real. Es consecuencia de tu historia. Y puedes con ello.

Si sientes que seguir estos pasos no te ayuda, o que te resulta muy difícil relajarte. O si tienes reacciones negativas con frecuencia que empiezan a afectarte en tu vida. Si no terminas por sentirte bien porque tus pensamientos negativos están muy presentes en tu día a día y estás sufriendo mucho, entonces es probable que necesites la ayuda de alguien con experiencia que pueda explorar contigo lo que te pasa. Hay situaciones que requieren de un trabajo más profundo y personalizado. Si este es tu caso, puedes contar conmigo para ayudarte.

Puedes contactar conmigo aquí para que podamos hablar de lo que te ocurre sin compromiso:

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