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Conciencia Corporal

“Establece un diálogo con tu cuerpo”

¿Quieres aprender a conectar con tu cuerpo?

¿Te ves reflejada en alguna de estas circunstancias?

Ignoras a tu cuerpo
Ves a tu cuerpo como un objeto o un proyecto.
Odias tu cuerpo
Haces que otros se sientan mal acerca de su cuerpo, incluyéndote a ti misma.
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Si algo de esto te suena, es muy probable que vivas alejada de tu cuerpo, sin conciencia corporal.

El resultado de vivir sin una buena relación con tu cuerpo es tener una vida alejada de quien eres, de lo que fuiste y de quien puedes ser. Nos produce sufrimiento, nos incapacita para disfrutar, nos hace tratar a los demás superficialmente y nos dificulta poder conocernos realmente.

Nacemos conectados a nuestro cuerpo

Todos nacemos conectados con nuestro cuerpo. De hecho, durante la primera etapa de nuestra vida, cuando nuestra mente es aún inmadura, nos comunicamos y exploramos el mundo a través de él: el calor y el tacto de la piel de nuestros padres, la incomodidad de un pañal sucio, el calor o el frío que tuvimos, el dolor físico o el temor al abandono, todas ellas experiencias físicas con las que nos vivíamos el mundo.

Pero perdemos esa conexión. Es inevitable. Nos viene impuesto culturalmente y también por nuestros padres. Casi todo lo relacionado con el cuerpo, es como un pecado. Y sin darnos cuenta lo vamos abandonando. Pero tu cuerpo nunca lo hace. Siempre estará dispuesto a recuperarte.

Para poder asumir y ejercer el poder sobre nuestra propia vida, el primer paso consiste en tomar conciencia de nuestro propio cuerpo.

¿Te gustaría empezar a conectar con tu cuerpo?

¡Tan sólo necesitas unos minutos!

Descarga este audio gratuito donde te guiaré a través de un ejercicio de conciencia corporal, que te ayudará a sentirte mucho mejor:

Conciencia Corporal

Tener conciencia corporal puede verse como una habilidad para ser plenamente consciente de las sensaciones de tu cuerpo y vivir compenetrados con él. Es poder prestarte atención y saber escuchar lo que tu cuerpo quiere decirte momento a momento. Es vivir en sintonía con lo que sientes, haciéndote caso y regulándote cada vez que te hace falta. También es confiar en la sabiduría natural de tu cuerpo, en su capacidad para sanarse y en el conocimiento que puede aportarte.

Somos nuestro cuerpo y somos justamente lo que parecemos ser. Pero nos negamos a admitirlo. Apenas nos atrevemos a mirarnos, puede que incluso sepamos cómo hacerlo. Confundimos lo visible con lo superficial y no damos importancia a lo que dice nuestra forma corporal y el modo en el que nos movemos.

Si no nos gusta lo que vemos, lo despreciamos, sin pararnos a indagar en la forma y sus causas. Damos más importancia a lo que pensamos, leemos o a lo que otros dicen sobre nosotros. Buscamos fuera la información que nos explique más acerca de nosotros y olvidamos que somos nuestro cuerpo. Y si aprendemos a mirarlo, a sentirlo y a comunicarnos con él, nos daremos cuenta de todo lo que puede contarnos: las causas de nuestro comportamiento, de nuestro sufrimiento y también el camino hacia la salud y la armonía.

La riqueza o la pobreza de nuestra experiencia corporal, determina nuestra visión de todo lo demás.

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