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¿Has tenido un mal día?

Mejóralo con este ejercicio de conciencia corporal

Un día cualquiera

Son las ocho de la tarde y acabo de llegar a casa después de un duro día de trabajo. He tenido que atender 4 sesiones individuales hoy y un curso grupal de hora y media. Lo he dado todo, y me noto muy cansada. No dormí bien la noche anterior porque mi pareja ha vuelto a fumar y al hacerlo ronca con virulencia. Con lo que apenas pegué ojo en toda la noche.

Aún tengo que sacar a mis perras, poner una lavadora, ducharme y hacer la cena (si es que hay algo en la nevera). Sólo de pensarlo, muero.

Pero además de todo eso, llevo días con un dolor punzante en mi hombro derecho. No duele siempre. Sólo ante determinados movimientos. No le he hecho mucho caso hoy, estaba ocupada.

Al llegar a casa, mi pareja está de mal humor. Ha tenido problemas en el trabajo y no está muy conversador. Sé que lo tengo que hacer es darle su espacio, pero me siento mimosa. Necesito su apoyo e intento un poco de charla sencilla. Nada. Me contesta con monosílabos. Me temo que esta tarde no habrá cariñitos.

Siento mi frustración y mis ganas de dar rienda suelta a mi rabia. Pero decido que lo mejor que puedo hacer, es darme eso que necesito.

Primero saco a mis perras y mientras lo hago, comienzo a prestarme atención. Sigo sintiéndome cansada y mi hombro sigue quejándose. Pero trato de disfrutar del paseo, de mis locas peludas, del atardecer y de la brisa marina que envuelve mi cuerpo.

Cuando llego a casa, voy directamente a mi “despacho/cuarto de yoga”, echo una esterilla en el suelo y me tumbo boca arriba. Dedico una media hora a sentir mi cuerpo, a conectar con él a través de un ejercicio de conciencia corporal y poder así regalarle toda la atención que me está demandando. Continúo con un poco de respiración consciente y una pequeña meditación.

Me levanto totalmente renovada. Sigo sintiendo que necesito descanso, pero estoy de mejor humor. Mi cuerpo está relajado y parece que he dejado contento a mi hombro. Ya no se queja, al menos de momento. Milagrosamente, mi pareja se da cuenta del cambio en mi expresión y se acerca con cariño. ¡Qué guapa estás! Me dice. Y yo me siento divinamente.

Preparamos una cena sencilla y vemos una serie antes de irnos a dormir.

¿Te gustaría saber qué hice exactamente en mi cuartito de yoga? Te lo cuento en un audio que puedes descargar gratis:

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