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Un ejercicio práctico para encontrar paz dentro de ti

Todos pasamos por momentos difíciles en la vida. Es algo inevitable. La vida es un continuo proceso de cambio y todas las experiencias tienen cabida en él.

Cada vez que vivimos algo que no nos gusta, que nos incomoda o nos da miedo, sufrimos. Y cuanto más sufrimos, más nos alejamos del gozo de vivir.

Lo que te propongo hoy es un ejercicio práctico que te ayudará a encontrar paz dentro de ti, incluso en momentos duros. Lo encontré en un libro estupendo de Byron Katie llamado “Amar lo que es”. Puede servirte para esos momentos en los que te sientes contrariada, miedosa, ansiosa, enfadada… Una pildorita de amor que puedes tomar cada vez que sientas que estás sufriendo.

Sufres porque tus pensamientos están en desacuerdo con la realidad.

Cada vez que te veas sufriendo es porque piensas que lo que te sucede, no debería sucederte. Sufres porque deseas que la realidad que estás viviendo, sea diferente de lo que es. Es decir, que tu sufrimiento proviene del rechazo ante lo que inevitablemente estás viviendo.

Voy a ponerte ejemplos cotidianos de este tipo pensamientos: “la gente va siempre a lo suyo” “este barrio está lleno de cacas de perro” “mis compañeros de trabajo deberían ser más amables” “mi marido debería ser más cariñoso” “debería estar más delgada” “debería trabajar menos horas”…

¿Te das cuenta de que todos ellos tienen que ver con estar en una realidad que no nos gusta y que rechazamos? 

Lo cierto es que no podemos evitar pensar estas cosas. No sirve de nada tratar de parar nuestra mente. Es normal y natural tener pensamientos de ese tipo. Créeme, todo el mundo los tiene. Lo que sí que puedes hacer es mejorar la relación que mantienes con ellos. Puedes aprender a mirarlos con comprensión y a explorarlos con curiosidad. Y hoy voy a enseñarte cómo hacerlo.

Lo importante aquí no es lo que pienses, sino lo mucho o poco que te lo estés creyendo. El problema no son nuestros pensamientos, sino el apego que tengamos a ellos. Apegarse a un pensamiento significa creer que es verdad sin indagar en él. Sufrimos porque damos por hecho que todo lo que pensamos es cierto, sin explorarlo realmente.

Busca el pensamiento que está detrás de tu sufrimiento

Lo primero que debes hacer cuando te sientas mal es indagar en qué pensamiento o idea está detrás de tu malestar: ¿Qué pensamiento te está haciendo daño realmente?

Por ejemplo: Lees una noticia en la prensa sobre despidos masivos en tu empresa. Empiezas a sentirte mal, la ansiedad hace acto de presencia. Respiras profundamente para pensar con calma y buscas dentro de ti. Te preguntas: ¿De qué tengo miedo realmente? ¿Qué pensamiento es el que me está haciendo sufrir? Y descubres que la idea que te ronda en la cabeza es que  “vas a perder tu trabajo”.

La indagación

Una vez que hayas descubierto cuál es el pensamiento que te está haciendo sufrir, lo siguiente es someterlo a un proceso de indagación. La indagación se realiza planteándote 4 preguntas y respondiendo de manera sincera, breve y concisa. No se trata de ser políticamente correcta, se verdaderamente honesta. El propósito de este ejercicio, es el de ayudarte a expresar por escrito tus historias y juicios para que los puedas ver. Verlos es el primer paso necesario para desmantelarlos. Toma tu tiempo para responder, reflexiona. Permite que las respuestas surjan desde lo más profundo de ti.

Estas son las 4 preguntas que vas a hacerte (sigue el orden que te indico):

1. ¿Es verdad?
2. ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza?
3. ¿Qué sientes y cómo reaccionas cuando te crees ese pensamiento?
4. ¿Qué serías sin ese pensamiento?

Te pongo un ejemplo para que lo veas con más claridad:

“Me siento mal con mi amiga Elena. Quedamos para tomar un café y ponernos al día de nuestras cosas. Estoy viviendo una época de mucho estrés personal y necesitaba poder hablar de ello. Pero cuando lo hice, Elena se limitó a cambiar de tema y se puso a contarme cosas sobre su hija. Me quedé de piedra y me sentí muy incómoda.

Siento rabia. No paro de pensar que a Elena no le importa nadie más que ella misma. Estoy enfada. No es la primera vez que me lo hace. Miro dentro de mi para localizar el pensamiento que me hace sufrir. Pienso que no le importo a Elena, que en realidad no me quiere“.

Respondo a las 4 preguntas:

  1. ¿Es verdad? ¿Es verdad que Elena no me quiere? Trato de calmarme y busco la respuesta dentro de mi. Recuerdo todas esas veces en las que hemos reído juntas de nuestros problemillas con los chicos, me viene a la cabeza que estuvo junto a mí cuando mi padre murió… No, no se si es verdad, puede que me quiera al fin y al cabo.
  2. ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza? No necesito pensarlo mucho, porque lo cierto es que no puedo afirmar que Elena no me quiera.
  3. ¿Qué sientes y cómo reaccionas cuando te crees ese pensamiento? Cuando pienso que Elena no me quiere me siento rabiosa. No dejo de tener pensamientos recurrentes en mi cabeza en contra de ella, de todo lo que he hecho por ella. Me siento sola, aislada del mundo sin amigos de verdad. Me encierro en mi misma y me aislo.
  4. ¿Qué serías sin ese pensamiento? Cierro los ojos y me lo imagino. Sería una mujer feliz sin duda, porque me sentiría afortunada por tener a Elena a mi lado, fuera como fuese ella. Me sentiría parte de este mundo, confiaría más en los demás (pensar todo esto me ha hecho sentirme muy bien).

Este paso es el que más rechazo suele producir en nosotras. Y es así porque lo que tenemos que hacer es invertir nuestra afirmación. Es decir, escribir el opuesto de lo que hemos escrito, dándole la vuelta para que podamos considerar una respuesta opuesta a lo que hemos afirmado como verdad.

Este paso puede hacerse de varias formas. Te lo explico a través del ejemplo:

Mi pensamiento “Elena no me quiere” puede invertirse de varias formas:

  • Elena sí me quiere.
  • Yo quiero a Elena.
  • Yo me quiero.

Permítete sentir cada una de las inversiones. Encuentra al menos una que pueda ser válida en tu vida. Escoge aquella que resuene contigo. O escógelas todas si te hace sentir bien. Siéntelas y experimenta la paz que pueden aportarte.

Practica este ejercicio con aquellos asuntos que tengas “pendientes” en tu vida. Cuanto más lo practiques más notarás que lo piensas, deja de controlarte. Te sentirás más tranquila y en paz. 

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