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El dolor de Cristina

El dolor y su espalda

Cristina visita a su médico de cabecera porque está sufriendo un dolor terrible en su espalda que no tiene causa aparente. Su médico le envía a hacerse una resonancia magnética, descubren que tiene una hernia discal y le proponen cirugía.

Ella no quiere saber nada de operarse, así que empieza a buscar otras opciones. Pide cita con un fisioterapeuta famoso del que le han hablado muy bien y al finalizar la sesión, le dice que debería reforzar sus músculos abdominales porque están muy débiles y le recomienda asistir a clases de Pilates. Y Cristina animada por esa solución tan interesante acude a varias clases de Pilates.  A pesar de que nota que efectivamente tiene más fuerte su zona abdominal, su dolor empeora.

Entonces decide visitar a una osteópata conocida suya que le indica que su columna necesita realinearse. Y ella le deja hacer y efectivamente al terminar las sesiones, se siente mucho mejor. Pero el cambio no dura mucho y la espalda le empieza a dolerle de nuevo.

Una amiga le recomienda a un masajista y también le pide una cita para probar. A través del trabajo con sus puntos de gatillo, el dolor desaparece milagrosamente durante unos días. Pero de nuevo, el dolor reaparece esta vez con violencia, dejándola sin ganas de nada, deprimida y angustiada.

El dolor de espalda le acompaña donde quiera que va

El tiempo pasa y debido a que su dolor persiste, toma analgésicos fuertes con frecuencia. Se lamenta por tener que tomarlos pero se consuela porque sabe que es la única forma de poder llevar una vida medianamente digna.

Ya ha probado acupuntura, reiki y está yendo a clases de yoga semanalmente. Todas estas terapias le ayudan y le enseñan cosas, pero los cambios no suelen persistir en el tiempo. Tras el alivio momentáneo que le proporcionan, su dolor inevitablemente reaparece sin darle tregua para poder descansar. Se siente agotada.

Señales de estrés en tu cuerpo

Existe una vida mejor

Hay esperanza para dolor de espalda cronico

Conocí a Cristina en uno de mis talleres de conciencia corporal y desde ese momento supe que lo que ella necesitaba era un trabajo mucho más personal que el que ofrecía en mis talleres.

Comenzamos un proceso terapéutico en el que aprendió a ver su dolor desde otra perspectiva, comprendió que necesitaba escuchar a su cuerpo y al hacerlo pudo liberar viejas heridas. Adquirió herramientas sencillas con las que poder regularse y empezó a darse lo que necesitaba en cada momento.

Su vida ha cambiado totalmente: ahora se cuida, se mueve con conciencia y sin someterse a tensiones innecesarias, sabe cómo relajarse, escucha a su cuerpo y ha tomado unas cuantas decisiones importantes en su vida.

Aún le duele la espalda a veces, pero no con la intensidad de antes y tampoco suele durar mucho, porque enseguida pasa a la acción. Me dice que se ha dado cuenta de que cada vez que siente dolor, es porque hay algo nuevo que tiene que aprender.

¿Tú también vives con dolor?

Puede que la historia de Cristina te sea familiar o tal vez conoces a alguien que se encuentre en una situación similar. Desgraciadamente es bastante frecuente.

Existe otra forma de lidiar con el dolor. Un modo de ver tu situación actual como una oportunidad de transformar tu vida, para que puedas vivirla en libertad, sin los límites que te impone el dolor.

Si sientes que ya no puedes más, que lo has intentado todo. Si crees que necesitas ayuda para cambiar de una vez la situación en la que te encuentras, puedo ayudarte a conseguirlo.

Te invito a rellenar este formulario para que podamos valorar la posibilidad de realizar juntas un proceso terapéutico:

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Porque la vida es muy bella como para pasarla sufriendo.

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